Amistad de repuesto

Hoy me está costando no entrar en una espiral de auto flagelación de reclamo, uno de los complejos más duros desde hace casi una década para mí ha sido el sentimiento de ser una amistad desechable, corrijo, no desechable, más bien una amistad desplazable, es decir, al amigo que se le invita por cumplir la cuota, al que le cancelas y nunca se va a enojar, al que le haces el favor de pasar un tiempo con él.

Trato de cuestionarme que puedo hacer para ser un mejor amigo, o al menos uno lo suficientemente deseable para ser una prioridad, me cuestiono si mi persona es demasiado incomoda en contexto, si mi crudeza al hablar puede resultar incomoda, si mis puntos de vista a veces radicales alejan a los demás, si mi fascinación por el debate resulta intimidante o molesto, estas cuestiones me aquejan cuando me pongo a pensar en ello.

Todo esto ha generado en mi un rechazo a hacer planes, a comprometerme a un lugar o a una hora, funciono mejor con un ahorita que estás haciendo, así si me dicen que no, es simplemente un no se puede y ya, no pasa nada, cuando por el contrario hago algún compromiso tengo la mala suerte de que es más común que me llamen para cancelar a que el plan siga su curso.

Trato de entender que son causas de fuerza mayor, que las prioridades varían, mil cosas, incluso lo justifico con “me cancelan porque saben que seré su amigo sin importar esas tonterías”, pero la verdad es que en el fondo no dejo de sentir que en su escala mi amistad está en la categoría de “cuando no hay nada mejor que hacer”.

Esta entrada es una de esas que no tiene una conclusión profunda, soy solo yo desahogándome para estructurar mis pensamientos y darles un mejor manejo, aun no sé cómo voy a solucionar este aspecto de mi personalidad, pero si sé que tengo que hacer algo al respecto.

Por lo pronto creo que solo debo bajar mis expectativas al mínimo y disfrutar de lo que pueda de la manera que nunca me dolerá… solo.

Deja un comentario