Tengo semanas queriendo escribir aquí, pretendiendo que escribiré mis opiniones y visiones de la vida, la incongruencia de la moralidad superficial de la sociedad que me rodea, de las dicotomías de la existencia misma, del absurdo que de manera tan poética le da valor a lo cotidiano.
Pero bueno, el ver este título entre mis borradores me sorprendo escribiendo de nuevo del temas de recursivos en este blog, mis visiones de la vida romántica, me asombro de como me doy cuenta que de vez en cuando quisiera tener esa conexión con una dama que alguna que otra vez he experimentado en la vida, pero luego, termino abrazando mi soledad, una soledad que se llena de la melancolía de aquellos que han tenido una buena vida, pero con la perspectiva de aquellos que hemos tenido la fortuna de conversar con el demonio escondido en el espejo, aquel que susurra sus palabras mas profundas en el silencio de enfrentarse a la compañía del propio ser.
Después de miles de horas llenas de pensamiento, de contradicciones, de autodescubrimiento encontré una melancolía distinta, una melancolía nacida de las contradicciones que me constituyen, una profunda melancolía por el futuro que aún no llega, creo que este sentimiento nace de una fe hacia lo que proyecto será el resto de los días que me quedan como el humano que soy; hay días en los que recuerdo mi futuro como una antología de historias y vivencias dignas de contarse, otras me gusta imaginar la historia de amor que me gustaría construir si un día llega la dama que se adueñe de ese amuleto roto por la intensidad de alguna vez haber querido más allá de las reservas y reparado a través de las horas y horas de conversaciones con el espejo.
Y es así como encontré la romántica soledad, ese bello recuerdo de un futuro que no ha llegado y quizá nunca llegue…
